El guitarrista y cantautor Luis Vargas deja su huella en el mundo de la Bachata Dominicana con un estilo muy propio, “ni muy agitado, pero
tampoco muy deprimido”, como él mismo expresa. Luis nos lleva a sus humildes inicios en el pequeño y polvoriento poblado de Santa María en la
República Dominicana, donde su padre aún reside. Santo Domingo Blues no hace uso de un narrador o de “expertos”, sino que se apoya en actuaciones
musicales, anécdotas de primera persona y escenas llevadas por los personajes como Luis y otros bachateros.
La Bachata es una música genuina del pueblo
y los asiduos a las barras y colmados, los vendedores ambulantes y los choferes del servicio de transporte, todos ellos contribuyen a contar la historia.
Observando las similitudes con el blues norteamericano, la bachata era el himno infame del hombre bebedor, mujeriego y desdichado; consagrado como el
entretenimiento propio de los burdeles y los cabarets, y reverenciado por el pobre y oprimido como la más profunda expresión de sus sentimientos.
Con letras cargadas de una fuerte insinuación sexual, dobles sentidos y la más directa obscenidad, los bachateros abordan temas del hombre ordinario,
cantando historias cómicamente exageradas sobre romances devastados y amores no correspondidos, de camaradería de barras y aventuras embriagadas de
sentimentalismos.
La Bachata era considerada “música de barrios”, vulgar y no sofisticada por la élite dominicana que controlaba las estaciones de radio, estudios
de grabación y fábricas de discos. Los bachateros tocaban su música en los patios traseros y cantinas a través de los campos, lanzando discos de 45 rpm.
a partir de crudas grabaciones que eran vendidos por vendedores ambulantes en los barrios de mala muerte para el negocio de velloneras en la barra de
la esquina.
Nueva York ha tenido un profundo impacto en la Bachata y en los inmigrantes dominicanos, para quienes la música es tan importante, y Santo Domingo Blues
retrata el ambiente de la Bachata en los barrios latinos de esta ciudad. La clientela tradicional de la Bachata viene precisamente de esos segmentos de la
sociedad dominicana desarraigada que han inundado ciudades norteamericanas en décadas recientes, y los bien ganados dólares de estas nuevas migraciones
han hecho la música comercialmente viable. Luis Vargas y sus contemporáneos ahora vienen a tocar en Nueva York y a escribir canciones con un toque urbano
que refleja la experiencia de la diáspora dominicana. Ahora la Bachata sirve de puente que cruza una cultura dividida ólos bachateros llegan a Nueva York
a presentarse en conciertos que los inmigrantes esperan con ansias, trayendo consigo “noticias de casa” en sus líricas, historias trágicas de desamores,
una metáfora para el abandono físico de su tierra querida. Santo Domingo Blues es la historia del triunfo de la música de un pueblo pobre sobre la censura
y el prejuicio, pero la soledad del inmigrante de la gran ciudad norteamericana trae nuevos sinsabores a las canciones de amargue de estos trovadores.
Hoy la Bachata se escucha en la radio por todo Latinoamérica, desde Nueva York hasta Buenos Aires, y este género hoy rivaliza con el Merengue y la Salsa
como la música preferida del mundo latino. Luis Vargas ha tenido resonantes éxitos en años recientes, su más alto logro: haber fundado La Suprema,
su estudio de grabación y hotel en el que cada habitación estˇ dedicada a uno de sus éxitos musicales y está decorado al “estilo Luis Vargas”. El día de
Carnaval en Santiago, lugar donde hoy reside, el “Rey Supremo del Amargue” fue coronado Rey del Carnaval y así disfrazado actuó para un público que lo
venera. Sin embargo, hace unos años la prosperidad de Luis casi llega a un abrupto final cuando estuvo envuelto en un serio accidente automovilístico y
dado por muerto. La experiencia le llevó a cuestionar el valor de su éxito material y regresa al mundo con un tronante himno de reafirmación de vida
llamado “El Accidente”, cuya interpretación abarca la secuencia final de este documental. “La muerte llega más rápido que abrir y cerrar los ojos”,
nos canta, “pero soy millonario de cuna porque tengo un pueblo que me quiere”.
Santo Domingo Blues es la historia de la transformación de la Bachata de una música menospreciada a un símbolo de orgullo nacional y deberá resonar
con todas las comunidades inmigrantes. Desafortunadamente, en la sociedad industrializada todavía abunda el racismo y el prejuicio contra las poblaciones
inmigrantes. La documentación de la Bachata, elemento que en parte define la identidad cultural dominicana, ayudará a ponerle una cara a la inmigración
dominicana.